Posts Tagged ‘Recuerdos

01
Jun
09

Linked.

-Sr. Caguica [mientras Dr. Buenrollo le mete una aguja de 15cms. en el oído]: Is this gonna hurt?
-Dr. Buenrollo: No, but don´t shake your head or you´ll go deaf.
-Sr. Caguica: nice… Aw! Aw! It hurts!
-Dr. Buenrollo: I know, but anyway, don´t shake your head-.
(Nice, Fast and Painful).

.

“Después de darle todas aquellas vueltas, decidió ser cocinero.

Su camino pasaría por dejarse la piel entre fogones, por probar, por oler, por no dejar de mezclar sabores, por viajar con cada plato y cada copa. Sería duro, sí, y tardaría años en hacerse un nombre, pero podría trabajar donde quisiera y para quien quisiera. Las manos destrozadas de tanto corte, tanta agua hirviendo, tanto aceite y tanta tralla diaria serían casi una condecoración, y se verían compensadas por el olor de la comida de mil ciudades y por las experiencias vividas trabajando en un centenar de antros, rodeado de gente como él: sin patria ni bandera, pero con la cocina en la sangre.

`En todas partes hacen falta cocineros´, le diría Samuel, años más tarde, tras conocerse en un bus, volviendo de Bilbao.

Acabaron echando un canuto en aquellos soportales cerca de casa de Marcos, en los que él había quedado con Lucía después de que ella volviese de Guatemala.

Samuel le contó que bajaba de ver a su novia, que se había tirado toda Aste Nagusia cocinando para ella y sus colegas… y que no se lo había pasado mejor en su vida. Y…”.

.

– No, un momento. Aquí hay algo que no encaja. Samuel no entra en juego si eliges “cocinero”. Ni Lucía, ni Bilbao, ni Marcos.

– ¿Qué? ¿Y por qué no? A lo mejor les puede conocer de otra manera, por otros medios. ¿No has oído hablar de la Teoría de los Seis Grados de Separación?

– No, imposible. Conoce a Lucía y a Marcos en el viaje a Valencia, y para eso necesita a Luís.

– ¿Y? Puede conocer a Luís en… no sé, puede conocer a Luís a través del Abuelo.

– No conoce al Abuelo hasta mucho después de que Samuel suba a Aste Nagusia, así que difícilmente… ¿y qué coño? Él no habría subido a Bilbao en ese momento. O sí, y se habría quedado a vivir. O estaría bajando de allí, pero Samuel no iría en ese bus, porque a lo mejor no habría conocido a una chica de allí que le invitase a ir a verla. ¿No te das cuenta de que todo está relacionado? No puedes aislar un hecho de otro, pretendiendo dejar el resto de la historia completamente inalterado.

– ¿Y por qué?

– Porque es así. Es la Ley. Y o la acatas, o dejamos de jugar a Destinos Dobles: si el tío es cocinero, no hay Fuckultad, ni Londres, ni Nueva York…

– ¡Eh, eh! ¿Tampoco puede viajar?

– Sí, joder, pero no pueden ser “los mismos” viajes. Puede ir, pero no pueden pasar las mismas cosas.

– ¡Pues yo quiero que pasen!

– Pues te jodes. O te quedas con todo, o todo va a la basura. Joder, pero si es la primera norma de la lista: “No se pueden dividir los hechos en unidades aisladas. Todo está relacionado. Una decisión, por pequeña que sea, condiciona el resto de acontecimientos futuros”. Mira, ¿ves? Lo pone en la caj… ¿Dónde vas?

– A mi puta casa… ¡Este juego es una mierda!

[Portazo].

.

(21 de Julio de 2008).

Anuncios
26
May
09

Teletransporte.

Osinalice (Czech Republic), November 2008.

.

-There is no unconditional love, but from a mother to her children-.
(Pedro).

.

Me llevé el vaso de vodka fuera, a la calle, porque necesitaba estar solo.

Recuerdo abandonar la calle principal y meterme por la primera que salía de ella porque quería huir de la luz de las farolas, igual que había salido de la casa para huir de tanta risa y tantas palabras huecas.

“Mierda, se me va a aguar”, pensé cuando me dí cuenta de que la lluvia también estaba cayendo en mi bebida, aunque un segundo más tarde me había olvidado de haber siquiera mirado hacia abajo. Todo lo que podía hacer era cerrar los ojos y pensar en tí entre trago y trago, entre calada y calada.

Mirando al cielo intenté ver las estrellas, pero todo lo que podía contemplar era aquella noche negra y nubosa, pero nubosa como las de antes, cuando las luces de la ciudad no volvían amarillo o rojo cualquier intento de cielo de tormenta. Allí, no: todo parecía inalterado, perteneciente a aquellos tiempos en los que el hombre y la Naturaleza aún jugaban en igualdad de condiciones y su empate técnico se mantenía.

Otro trago, y de repente estaba rodeado de árboles. Y tenía frío y miedo, y volvía a oir risas pero me daba igual no entender ni una palabra. Y tú abrías aquella puerta de madera y hablabas distinto, y me preguntabas que por qué no entraba, con el frío que hacía. Y el bosque se convertía en casas de paredes blancas, y entre las gotas que corrían por mis greñas te decía que estaba fumando, que ahora iba. Y colgaba el teléfono, y entraba en mi casa, y tú estabas a miles de kilómetros de allí. Y tenía los pies metidos en un charco, y ganas de ver el atardecer desde la ventana de un tren, desde el tejado de un barco o desde la ventanilla de un avión. “De camino a”.

Corrías por el andén, y mi vodka se aguaba. Salí por la puerta de “Llegadas” y nos miramos por primera vez en un mes, y nos besamos hasta marearnos mientras enfilaba la calle principal. Y te pasaba la mano por el hombro mientras cruzábamos la ría, camino de tu casa, al girar el picaporte.

Y volvía a entrar en aquel cuartelillo, con el vaso vacío y con un bucle sonoro en la cabeza. Y fuera seguía sin haber estrellas, y con un sólo gesto se cerraban mil puertas.

14
May
09

Nike.

.

It all happened on that college pub, with the “Pub Quiz” signs hanging from the walls, bearing an almost-faded chalky invitation that no one was paying attention to. It was right after The Fat Of The Land was released, and I´d like to think it was House Of Pain or Nirvana playing on the PA, but it´s more likely that the sound that was making the teenage crowd jump and rub against one another was made by Whigfield or Gala. After all, we are talking about the 90´s.

You came to me, smiling, and I had to check my back twice to make sure it was me you were coming for. I was held in place by a pint glass filled with coke, after the refusal from the bartender to pour me a shandy, and thus I remained, still as a wooden pidgeon in a fair´s shooting range.

“Do you wanna dance?”.

“No”, I answered.

“Ok, let´s go outside”. As if I had just spat on your face and the only thing we had left was fighting to death in the dark alley that led to the pub.

I remember my legs turning into jelly as we approached the bench, kicking empty cans of Strongbow as we walked; I also remember the stream of cold sweat that was running down my spine, glueing my blue raincoat to my t-shirt, and the load of stupid subjects I managed to bring up for conversation just to delay the feared moment that we both (but specially you, quietly leading me to the ambush´ spot) knew was bound to come.

I remember talking and talking without really thinking about what I was saying, just checking every detail on you, taking the most perfect picture I´ve ever taken of any situation that I´ve been into. Breathing the summer in with the beer-smelling night air, hearing the distant roar of a car going round the corner of Parker´s Piece mixed with the music coming from the pub´s open door…

“I´m really nervous”, I managed to say through my dry throat, as if it could have passed unnoticed to you, and as if I hadn´t already made a fool of myself.

“Just do it”, you replied.

Yeah. After all, we are talking about the 90´s.

.

(Bar universitario. Carteles de “Pub Quiz” colgando de las paredes. Acababa de salir el The Fat Of The Land, y me gusta pensar que sonaban House Of Pain o Nirvana, pero lo más posible es que fuesen Gala o Whigfield los que atronasen a la masa de carne adolescente que se movía en la pista de baile y sus alrededores. Al fin y al cabo, estamos hablando de los años 90.

Te acercaste, sonriendo, y tuve que mirar a mis espaldas para comprobar que era a por mí a por quien venías. Seguí allí plantado, como un pato de madera en una caseta de feria, aguantando el balazo de tus ojos negros.

“¿Bailas?”.

“No”, respondí.

“Ok, entonces vamos fuera”, como si acabase de mentarte a la madre y la única salida posible a aquella situación fuese darnos de hostias en la oscuridad del callejón que llevaba al pub.

Recuerdo cómo las piernas se me iban convirtiendo en gelatina según nos acercábamos al banco, cómo me sudaba la espalda tanto que se me pegaba el chubasquero al cuerpo a través de la camiseta, y la cantidad de conversaciones estúpidas que fuí capaz de inventarme sólo para retrasar el momento inevitable que ambos, pero sobre todo tú, que eras la que había montado toda aquella emboscada, sabíamos que tenía que llegar.

Recuerdo hablar y hablar, sin pensar realmente en lo que estaba diciendo, ganando tiempo y fijando cada detalle tuyo en mi cabeza, tomando la fotografía más perfecta que he tomado nunca de cualquier situación en la que me haya encontrado. Respirando el verano con aquel aire que olía a cerveza, y escuchando el sonido del motor de un coche al acelerar en Parker´s Piece mezclado con la música que salía por la puerta abierta del pub…

“Estoy muy nervioso”, dije, como si no fuese evidente, y como si no hubiese hecho ya bastante el ridículo.

“Just do it”, dijiste tú.

Sí. Al fin y al cabo, estamos hablando de los 90).

21
Abr
09

Este.

Minsk, May 2008.

-Never go to bed mad. Stay up and fight-.
(Phyllis Diller).

.

Ese frío que parece salido de esas pesadillas en las que de repente te das cuenta de que estás desnudo en un lugar público. Ese mismo frío que, dos noches después, te parece parte del paisaje y que incluso echas de menos cuando te falta, porque con él hasta el antro más inmundo parece el hogar más acogedor del Planeta.

Los medios de transporte público antiguos, soviéticamente funcionales, puntuales hasta la nausea y tan eficientes que hacen imposible cualquier excusa cuando llegas tarde.

Los platos de comida capaces de alimentar a un par de ejércitos en retirada, y su ausencia de postre.

La cerveza checa.

El vodka ruso.

El zubrovka bielorruso.

Los ojos “en los que podrías nadar durante horas”.

Los edificios abandonados que te permiten soñar con un futuro como dueño de bar, de sala de conciertos, de centro cultural, de ONG, de galería de arte, de casa okupa o de complejo de Laser-Tag.

Las calles adoquinadas, con vías como venas en la muñeca, por todas partes.

Los días de cuatro horas de luz con olor a vino caliente en invierno, y de veinte horas y olor a salchichas fritas en verano.

Los atardeceres desde Riegrovy Sady o Vysehrad.

Las avenidas en las que caben cuatro Paseos de la Castellana, uno al lado del otro.

El queso ahumado en hebras.

El borsch de tu madre.

Los pomidori y ogurky.

Fumar en la ventana al llegar a casa después de una noche memorable.

Ir a buscarte al trabajo, cenar en Velryba y acabar en Cekarna, destruyendo, por ejemplo, la política en materia de integración de la Unión Europea.

Los conciertos a 20€.

Los viajes en tren, eternos, baratos, incómodos y tremendamente adictivos. El olor a té de los vagones, el sonido de las cucharillas, el podstakan completamente barroco, las azafatas con aire militar que te tratan como si fueses su hijo. Las babushkas que te acosan con su comida recién hecha, envuelta en papel de periódico.

Los bloques de viviendas, que podrían ser fábricas de tractores o instalaciones militares, y en los que algo, aparte de su escandaloso tamaño, no encaja.

Tu tetera, que sonaba como la Filarmónica de Viena cada vez que el agua estaba lista.

Tu dacha, y tu sauna.

El personal de hostelería que parece que te va a escupir en la comida, pero que sonríe cuando amagas cuatro palabras en su idioma, y acaba tratándose como a un miembro de la familia en cuanto ve que no eres un turista.

Bratr.

Los cigarrillos de furcia que fuman todas las mujeres.

El pasado por todas partes, supuestamente asimilado pero completamente presente. La Historia en el ambiente, en el aire, en cada esquina y cada pasadizo o cada campo ahora arado, seguramente antiguo campo de batalla de más de tres guerras.

La lejanía del mar. De cualquier mar. De nuestro concepto de “mar”, con su sol, su tranquilidad y su vida de playa.

La sensación de estar en otro planeta, aunque todo apuntase a que la Humanidad andaba más cerca y más humana que nunca, a juzgar por los estragos visibles en el entorno y sus gentes.

Los bosques, negros como los que te imaginas cuando eres pequeño y te están contando “Pulgarcito”.

La llegada de la primavera, con su explosión de vida en todos los sentidos. Cómo la gente se animaliza, y lo que antes era un infierno se convierte en un paraíso.

Los idiomas, al principio completamente extraterrestres, y luego completamente familiares. El sonido duro del checo, y lo acuoso del ruso.

Ir por la calle y no entender lo que dice la gente, con la paz y la tranquilidad que eso conlleva.

Las inscripciones en cirílico. El hacek por todas partes.

La libertad. La enorme libertad. Y esa sensación de que aún hay tantas cosas por hacer que van a tardar mucho tiempo en ponerle puertas al campo y convertir aquello en esto.

.

El despertarte por la mañana, y sentir que, si quieres, no tienen por qué existir los límites.

16
Abr
09

Ciudadano Cero.

-Si tú supieras la mitad de lo que a mí se me ha olvidado…-.
(Él).

.

Es una mañana de domingo.

En el salón, paredes blancas, muebles negros. La mesa de cristal, vista desde abajo, parece una gota de agua extendida sobre su soporte de mimbre, con esa espiral llena de astillas inofensivas que hace las veces de revistero.

Los sofás son grises, con pequeñas flores de lis blancas como estampado, aunque tú estás sentado en ese sofá-cama blanco con entramado rojo que tiramos hace nada. Eres mucho más joven, tienes barba y el pelo corto, y lees algo mientras fumas, llenando el aire de hebras de humo blanco a través de las cuales pasa el Sol.

En el tocadiscos, el “Juez y Parte”, de Sabina. Suena “Ciudadano Cero“.

Yo te pregunto que qué significa “un Volkswagen tuerto/de un tiro en un faro”, y tú me explicas que es una manera de hablar, y yo no entiendo nada. Y sonríes como sonreías antes, y sigues leyendo, y fumando, y Sabina cierra la historia de aquel “perdedor asiduo/de tantas batallas que gana el olvido”.

.

Hacía veintitrés años que no escuchaba esa canción, y sigo recordando su letra. Y recuerdo aquella mañana mejor que la de ayer.