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09
Jun
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Quote 7.

Berlin, March 2009.

-Hoy día las figuras ejemplares del mal no son consumidores normales que contaminan el medio ambiente y viven en un mundo violento de vínculos sociales en desintegración, sino aquellos que, completamente implicados en la creación de las condiciones de tal devastación y contaminación universal, compran un salvoconducto para huir de las consecuencias de su propia actividad, viviendo en urbanizaciones cercadas, alimentándose de productos macrobióticos, yéndose de vacaciones en reservas de vida salvaje, etc.
[…]
… trata de una infertilidad que hace mucho tiempo diagnosticó Friedrich Nietzsche, cuando percibió que la civilización occidental se movía en dirección al “último hombre”, una criatura apática sin grandes pasiones o compromisos, incapaz de soñar, cansada de la vida, que no asume riesgos, que sólo busca su comodidad y seguridad, una expresión de tolerancia mutua
[…]
Nosotros, habitantes de los países del primer mundo, encontramos cada vez más difícil imaginar una causa pública o universal por la que estaríamos dispuestos a dar la propia vida. De hecho, la división entre el primer y el tercer mundo tiende cada vez más a la línea de una oposición entre llevar una vida larga y satisfactoria llena de riqueza material y cultural y dedicar la propia vida a alguna causa trascendental. […] En Occidente nosotros somos los “últimos hombres”, inmersos en estúpidos placeres diarios, mientras que los musulmanes radicales están dispuestos a arriesgarlo todo, implicados en un combate nihilista hasta el extremo de su autodestrucción. Lo que está desapareciendo de forma gradual en esta oposición entre los que están “dentro”, los “últimos hombres” que moran en asépticas urbanizaciones cerradas, y los que están “fuera” son las viejas clases medias de siempre. La “clase media es un lujo que el capitalismo no puede seguir permitiéndose”-.

(Slavoj Žižek, Sobre la Violencia. Barcelona, Paidós, 2009. Págs. 40-43).

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Ha caído en mis manos este pedazo de libro, y no puedo parar de maldecir la brutal enseñada de plumero de un autor que cita a Marx, Engels y Lenin cuatro veces en las diez primeras páginas, a la vez que me pongo de rodillas con cada rebanada de análisis certero de la triste realidad que nos rodea que me sirve.

Y con semejante terreno abonado llegan los resultados de las europeas del domingo, con ese 56% de abstención, y resuenan en mi cabeza los miles de comentarios que llevo oyendo desde hace tiempo, sobre el nulo interés de la gente por la política, los movimientos sociales o cualquier cosa que vaya más allá del cebollón del próximo viernes, el polvazo del próximo sábado o el partido del próximo domingo, y empiezo a echar muchísimo más de menos a Pedro, a Azahara, o a JRO, y lo único que mi mente caga, a modo de conclusión fecal, es la siguiente frase:

“TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS”.

Pero, acto seguido, otra voz replica:

“No. Porque tenemos una democracia. Y lo que nos merecemos, realmente, es una dictadura. Ya que nos dan los medios para cambiar las cosas, y no nos preocupamos en utilizarlos y hemos dejado que otros se los apropien, lo que realmente deberíamos sufrir es un régimen totalitario, que nos diga hasta cuándo podemos o no respirar”.

Y, entonces, el bueno de Slavoj se saca una cita de Alfonso Cuarón de la manga: “Muchas historias del futuro implican algo así como el “Gran Hermano”, pero creo que tal es la visión de la tiranía en el siglo XX. La tiranía hoy imperante adopta nuevos disfraces; la tiranía del siglo XXI se llama democracia“.

Y yo añado “y hemos llegado a este punto nosotros solitos, haciendo lo que mejor sabemos hacer: acomodarnos, y dejar que otros controlen lo que nosotros deberíamos preocuparnos de controlar” (un reflejo a nivel mundial de lo que pasa, a escala familiar, con la educación de nuestros hijos).

Es cierto aquello de que “la primera generación lo gana, la segunda lo cuida, y la tercera lo malgasta”.
Y nosotros somos, tod@s, los niños pijos del Estado de Derecho, despilfarrando lo que nuestros padres y abuelos consiguieron con tanto esfuerzo y gastándonoslo en tecnología, viajes sin cerebro y “estilos de vida alternativos”, mientras otra gente nos birla la cartera cuando estamos durmiendo la mona.

Lo dicho: no nos merecemos ser libres.

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