Posts Tagged ‘En ocasiones escribo de día

21
Oct
10

León.

-¿Te acuerdas de que era perfecto, pero me faltaba un corazón? Pues me he comprado uno. ¿Me falta algo ahora?-.
(Reconstruyendo).

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León se despierta en mitad de la noche, sentado en su sillón. Se levanta, coge la pistola que descansa a su lado y, cruzando la habitación, la pone en la sien de Matilda, que duerme plácidamente.

Le tiembla el pulso, pero sabe que tiene que hacerlo. Sabe que su vida depende de que se arranque esa espina. Sabe que es ahora o nunca, que si no aprieta el gatillo, tarde o temprano su corazón le colocará entre una bala y esa niña que acaba de entrar en su vida sin un mísero “¿se puede?”.

Las gotas de sudor le resbalan por la frente, rodando por detrás de los cristales oscuros de sus gafas de Lennon.

Sabe que tiene que hacerlo. Lo sabe. Mil voces resuenan en su cabeza, y se enredan en los nudos de su cerebro, intentando encontrar el axón que active el dedo adecuado. El instinto de conservación aúlla, rabioso, notando la traición inminente de una capacidad de raciocinio que parece haberse pasado al enemigo. En la lucha entre ambos, el pulgar acepta órdenes y amartilla el revólver, que ya sólo necesita que el índice recuerde a quien le debe lealtad para iniciar la reacción en cadena que acabará con el peligro.

Es tan fácil mover un dedo… y, sin embargo, su índice parece estar ahora relleno de cemento. Inarticulado. Desobediente, como el resto de las funciones importantes de su cuerpo.

León desiste. La promesa intangible de un mañana mejor siempre podrá con la sólida certeza de una muerte por la espalda, porque si algo caracteriza al ser humano es esa estupidez disfrazada de esperanza.

De camino a su sillón, León deja el arma en el mismo lugar en el que la ha dejado todas las noches desde que llegó a esta ciudad. Nunca había tenido motivos para utilizarla, pero está claro que algo ha cambiado desde aquel día en la escalera.

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Porque la bala más letal del mundo está hecha de carne y hueso.

14
May
09

Justo.

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-No sé qué es peor, si darte cuenta de que el amor no existe, o darte cuenta de que el amor no debería existir-.
(Me, Myself and I).

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Él acaba de entrar por la puerta del Wurlitzer. Ella ya lleva un rato allí, con su grupo de colegas.

Al principio, él no presta demasiada atención a la chica de pelo oscuro y ojos negros que tampoco le dedica más que alguna mirada de reojo. Incluso, su primer objetivo es cualquiera de las otras chicas que forman el grupo.

De repente, cualquier tontería, como el montón donde están los abrigos de ambos cayéndose al suelo, fuerza la conversación, y se inicia la cuenta atrás. Un par de sonrisas, unos minutos de charla intentando oirse por encima de la música, y ambos empiezan a darse cuenta de con quién están hablando: de que él es Él, y de que ella es Ella. De que ellos son Ellos.

Y el resto, desde ese momento, se convierte en Historia.

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El mundo sería perfecto si las personas pudiesen conocerse de nuevo una y otra vez, hasta dar con el momento adecuado.