Archivo para 26 mayo 2009

26
May
09

Teletransporte.

Osinalice (Czech Republic), November 2008.

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-There is no unconditional love, but from a mother to her children-.
(Pedro).

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Me llevé el vaso de vodka fuera, a la calle, porque necesitaba estar solo.

Recuerdo abandonar la calle principal y meterme por la primera que salía de ella porque quería huir de la luz de las farolas, igual que había salido de la casa para huir de tanta risa y tantas palabras huecas.

“Mierda, se me va a aguar”, pensé cuando me dí cuenta de que la lluvia también estaba cayendo en mi bebida, aunque un segundo más tarde me había olvidado de haber siquiera mirado hacia abajo. Todo lo que podía hacer era cerrar los ojos y pensar en tí entre trago y trago, entre calada y calada.

Mirando al cielo intenté ver las estrellas, pero todo lo que podía contemplar era aquella noche negra y nubosa, pero nubosa como las de antes, cuando las luces de la ciudad no volvían amarillo o rojo cualquier intento de cielo de tormenta. Allí, no: todo parecía inalterado, perteneciente a aquellos tiempos en los que el hombre y la Naturaleza aún jugaban en igualdad de condiciones y su empate técnico se mantenía.

Otro trago, y de repente estaba rodeado de árboles. Y tenía frío y miedo, y volvía a oir risas pero me daba igual no entender ni una palabra. Y tú abrías aquella puerta de madera y hablabas distinto, y me preguntabas que por qué no entraba, con el frío que hacía. Y el bosque se convertía en casas de paredes blancas, y entre las gotas que corrían por mis greñas te decía que estaba fumando, que ahora iba. Y colgaba el teléfono, y entraba en mi casa, y tú estabas a miles de kilómetros de allí. Y tenía los pies metidos en un charco, y ganas de ver el atardecer desde la ventana de un tren, desde el tejado de un barco o desde la ventanilla de un avión. “De camino a”.

Corrías por el andén, y mi vodka se aguaba. Salí por la puerta de “Llegadas” y nos miramos por primera vez en un mes, y nos besamos hasta marearnos mientras enfilaba la calle principal. Y te pasaba la mano por el hombro mientras cruzábamos la ría, camino de tu casa, al girar el picaporte.

Y volvía a entrar en aquel cuartelillo, con el vaso vacío y con un bucle sonoro en la cabeza. Y fuera seguía sin haber estrellas, y con un sólo gesto se cerraban mil puertas.

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16
May
09

“And I heard as it were the noise of thunder…”.

Depo Hostivar (Praha), 28th of November, 2007.

-Who wants flowers when you’re dead?  Nobody-.
(Holden Caulfield. The Catcher in The Rye, by J.D. Salinger, 1951).

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Lips cracked by exposure, the young, beautiful woman was standing in the middle of the street, looking up to the sky with her pale-blue eyes, as if she could see anything beyond the smoggy, starless night of the city.

Nobody was paying attention to her, but just because she didn´t want them to: feeling alive and connected was all she needed right now. Feeling complete, loved by all the countless unmaterial beings that formed this world. Her world.

Ah, she was happy and ready to enjoy all of it: the pain, the misery, the joy and the pleasure.

Her name was Death. And she was here to stay.

14
May
09

Justo.

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-No sé qué es peor, si darte cuenta de que el amor no existe, o darte cuenta de que el amor no debería existir-.
(Me, Myself and I).

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Él acaba de entrar por la puerta del Wurlitzer. Ella ya lleva un rato allí, con su grupo de colegas.

Al principio, él no presta demasiada atención a la chica de pelo oscuro y ojos negros que tampoco le dedica más que alguna mirada de reojo. Incluso, su primer objetivo es cualquiera de las otras chicas que forman el grupo.

De repente, cualquier tontería, como el montón donde están los abrigos de ambos cayéndose al suelo, fuerza la conversación, y se inicia la cuenta atrás. Un par de sonrisas, unos minutos de charla intentando oirse por encima de la música, y ambos empiezan a darse cuenta de con quién están hablando: de que él es Él, y de que ella es Ella. De que ellos son Ellos.

Y el resto, desde ese momento, se convierte en Historia.

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El mundo sería perfecto si las personas pudiesen conocerse de nuevo una y otra vez, hasta dar con el momento adecuado.

14
May
09

Nike.

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It all happened on that college pub, with the “Pub Quiz” signs hanging from the walls, bearing an almost-faded chalky invitation that no one was paying attention to. It was right after The Fat Of The Land was released, and I´d like to think it was House Of Pain or Nirvana playing on the PA, but it´s more likely that the sound that was making the teenage crowd jump and rub against one another was made by Whigfield or Gala. After all, we are talking about the 90´s.

You came to me, smiling, and I had to check my back twice to make sure it was me you were coming for. I was held in place by a pint glass filled with coke, after the refusal from the bartender to pour me a shandy, and thus I remained, still as a wooden pidgeon in a fair´s shooting range.

“Do you wanna dance?”.

“No”, I answered.

“Ok, let´s go outside”. As if I had just spat on your face and the only thing we had left was fighting to death in the dark alley that led to the pub.

I remember my legs turning into jelly as we approached the bench, kicking empty cans of Strongbow as we walked; I also remember the stream of cold sweat that was running down my spine, glueing my blue raincoat to my t-shirt, and the load of stupid subjects I managed to bring up for conversation just to delay the feared moment that we both (but specially you, quietly leading me to the ambush´ spot) knew was bound to come.

I remember talking and talking without really thinking about what I was saying, just checking every detail on you, taking the most perfect picture I´ve ever taken of any situation that I´ve been into. Breathing the summer in with the beer-smelling night air, hearing the distant roar of a car going round the corner of Parker´s Piece mixed with the music coming from the pub´s open door…

“I´m really nervous”, I managed to say through my dry throat, as if it could have passed unnoticed to you, and as if I hadn´t already made a fool of myself.

“Just do it”, you replied.

Yeah. After all, we are talking about the 90´s.

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(Bar universitario. Carteles de “Pub Quiz” colgando de las paredes. Acababa de salir el The Fat Of The Land, y me gusta pensar que sonaban House Of Pain o Nirvana, pero lo más posible es que fuesen Gala o Whigfield los que atronasen a la masa de carne adolescente que se movía en la pista de baile y sus alrededores. Al fin y al cabo, estamos hablando de los años 90.

Te acercaste, sonriendo, y tuve que mirar a mis espaldas para comprobar que era a por mí a por quien venías. Seguí allí plantado, como un pato de madera en una caseta de feria, aguantando el balazo de tus ojos negros.

“¿Bailas?”.

“No”, respondí.

“Ok, entonces vamos fuera”, como si acabase de mentarte a la madre y la única salida posible a aquella situación fuese darnos de hostias en la oscuridad del callejón que llevaba al pub.

Recuerdo cómo las piernas se me iban convirtiendo en gelatina según nos acercábamos al banco, cómo me sudaba la espalda tanto que se me pegaba el chubasquero al cuerpo a través de la camiseta, y la cantidad de conversaciones estúpidas que fuí capaz de inventarme sólo para retrasar el momento inevitable que ambos, pero sobre todo tú, que eras la que había montado toda aquella emboscada, sabíamos que tenía que llegar.

Recuerdo hablar y hablar, sin pensar realmente en lo que estaba diciendo, ganando tiempo y fijando cada detalle tuyo en mi cabeza, tomando la fotografía más perfecta que he tomado nunca de cualquier situación en la que me haya encontrado. Respirando el verano con aquel aire que olía a cerveza, y escuchando el sonido del motor de un coche al acelerar en Parker´s Piece mezclado con la música que salía por la puerta abierta del pub…

“Estoy muy nervioso”, dije, como si no fuese evidente, y como si no hubiese hecho ya bastante el ridículo.

“Just do it”, dijiste tú.

Sí. Al fin y al cabo, estamos hablando de los 90).

13
May
09

Quote 5.

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“Life is like a box of chocolates. A cheap, thoughtless, perfunctory gift that nobody ever asks for. Unreturnable because all you get back is another box of chocolates. So you’re stuck with this undefinable whipped mint crap that you mindlessly wolf down when there’s nothing else left to eat. Sure, once in a while there’s a peanut butter cup or an English toffee. But they’re gone too fast and the taste is… fleeting. So, you end up with nothing but broken bits filled with hardened jelly and teeth-shattering nuts. And if you’re desperate enough to eat those, all you got left is an empty box filled with useless brown paper wrappers”.

(“La vida es como una caja de bombones. El regalo barato, superficial y sin intención que nunca nadie pediría. Y no puedes descambiarlo, porque lo único que recibirías a cambio sería otra caja de bombones, así que te quedas con esa basura rellena de menta batida, y la devoras sin prestarle demasiada atención cuando no te queda nada más que comer. Sí, de vez en cuando hay alguno relleno de mantequilla de cacahuete o de toffee, pero se acaban en seguida y su sabor es… efímero. Así que lo que tienes al final es un montón de trocitos rellenos de gelatina endurecida y nueces rompe-dientes, y si estás tan desesperado como para comerte esos también lo único que te queda es una caja vacía llena de inútiles envoltorios marrones“).

(The Cigarette Smoking Man, en The X-Files: Musings of a Cigarette Smoking Man [Chris Carter/Glen Morgan, 1996]).

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Chúpate esa, Forrest.

12
May
09

A Killing Compliment.

Riga (Latvia), April 2008.

-I´m a lackey to Fate, but no slave to the Law-.
(Tattooed on Nikolai´s skin, on Eastern Promises. David Cronenberg, 2007).

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“I´m sorry, I´m sorry, I´m sorryI´msorryI´msosorryI´msorry…”.

The words came out from her mouth like an unending mantra, in such a flow and with such speed that he found himself wondering about the breathing technique she might be using to keep uttering them.

He stood up, trying to think of a way to get themselves out of the really bad mess they were into: a corpse on the bed, a corpse on the toilet, blood everywhere and the two of them in the middle of that hotel room, mentally blocked and starting to panic.

He recalled the last few moments when everything seemed to be going smoothly: he entered the room to deliver the goods, she smiled to him, he ignored her… and then the shots came and everything turned into a blur. When he finally pulled himself together, he was lying on the floor, both the guys were dead as a doornail and the girl was kneeling on the rugged floor, muttering nonsense and blankly staring at the crawling pool of blood that was slowly approaching her.

“Shut the fuck up!”, he snapped, and she went silent as if he had smacked her on the cheek. The blood now started to surround her knees, like the tide rising and embracing a cliff, but she made no move that would show she was noticing it.

He took her by the hand, lifting her almost unexisting weight, and led her through the sliding door and into the balcony: outside, the whole city was standing at their feet, divided by the river like the scar he wore divided his left eye in two. Drops of blood from the girl´s knees marked their trail on the floor.

He put the gun on her right hand. Funny, he thought, how badly his own hands were shaking, and how calm and still her hand was. He closed her left hand around the pistol grip, too, and let go the whole knot he had made.

“Now, I want you to point it at my head, and pull the trigger”.

“Why?”.

“I can live a life on the run, but I´m sure you can´t: at some point I will loose you, either because of them or because of yourself. And the result will be this one, too”.

“So? Why now?”.

“Because I´d rather have my head blown off right now by the beautiful animal you are, than live a couple of months more just to have my brains scattered by the mean bastard I am. Seems fair to me, after the life I´ve lived”.

She started to cry, silently and without looking away. Not a single sob, just slow tears rolling down her perfect cheeks and halfway into the corners of her mouth. “Tough girl”, he thought.

“But… why me?”, she asked, calmly.

“Because you´ve already done this”.

“Wha… when?”.

“The moment I entered the room”.

She looked him in the eye, her pupils narrowing. Then, her lips barely parted in what looked like a smile, as she lifted the gun and slowly pulled the trigger.

07
May
09

Temazo.

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Palacio de Nemequitepas (afueras de Chambourcy, pasada la fábrica de yogures), 1726. A la sazón, residencia de verano de la Marquesa de la Trufa Verde.

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Copa de vino en mano, los numerosos nobles presentes en la cámara se dan codazos unos a otros, mientras algunos susurran “¡Hostias, qué buena!” sin apartar los ojos de la orquesta, al reconocer en las primeras notas del allegro non molto la que se les viene encima.

En seguida, con la entrada del violín solista, las cabezas se agitan rítmicamente, medio ladeadas las pelucas empolvadas, y alguna que otra mano hace los cuernos de tapadillo (seguramente haya curas entre el público, aunque puede que sean éstos los primeros en desmelenarse, llevados por el éxtasis y la gloria bendita del musicón que les posee).

Todo va a más, y la gente se vuelve loca con cada momento tranquilo de la pieza, sabiendo que se tratan sólo de la calma que precede a la tempestad: en cada subidón rítmico, un par de damas se desmayan, tras intentar moverse al compás de la infernal cadencia impuesta por Vivaldi y faltarles el aire, debido a lo apretado de sus corsés.

Al acabar el movimiento, un “¡temaaaaaaaaaaaaazo!” generalizado recorre la sala de música del palacio, mientras la mayoría silba, taconea sobre el carísimo suelo de maderas de Oriente, y comienza el coro de voces a gritar “¡An-to-nio, An-to-nio!” al ritmo de los aplausos. A la vez, en las muy ilustres caras allí presentes aparecen expresiones cercanas al post-orgasmo, y se escucha a un marqués comentarle a un conde que “para momentos como éste es para los que deberíamos poner a alguien a inventar los cigarrillos”.

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Es increíble, lo grande que puede llegar a ser La Música.